lunes, 23 de enero de 2012

Closed.


La vida está llena de momentos que nos hacen decidir, hay decisiones serias y otras más tontas.
Esta desde luego a primera vista pueda parecer una decisión banal, la de dejar de escribir aquí, pero la verdad es que estudiando el número de entradas que tiene este espacio y todo lo que he escrito a lo largo de unos cuantos años yo al menos, para mi, la veo una decisión importante. Más de lo que parece a primera vista.
El hecho es que se acabó este blog. Al menos de momento y en un largo periodo.
Creo que de todos los textos que he escrito aquí he sacado varias conclusiones:
Una de ellas es que no me arrepiento de nada de haber hecho esto allá por el 2008. Ni de repetirme hasta la saciedad en muchos de estos escritos.
Sin quererlo en un primer momento ha sido un pequeño diario de mi vida, que de una manera más o menos metafórica me ha ido mostrando mis errores, mis alegrías, mis penas, mis ansiedades, mis experiencias, mis obsesiones, mis manías, mi visión del mundo y del amor y todas esas cosas que ahora veo con unos sentidos más calmados y con la tranquilidad que otorga poco a poco la experiencia de vivir; de caer y levantarse. De seguir soñando y conociéndome.
Y la otra es, sin duda, el saber aprender de los errores. Algo que a veces ni el mejor de los amigos te puede ayudar a superar, sino tu mismo con la revisión de los recuerdos, y este blog ha sido desde luego una gran ayuda.
Sin muchas más cosas que decir, y sin querer caer en la tentación de darle a esto más repercusión de la que tiene, solo quería desear a la gente que me lee, me ha leído, y me leerá que os vaya muy bien en vuestras respectivas vidas y que espero que alguno de mis textos otorgue un poco de claridad a vuestros días feos y no tan feos y podáis sentiros identificados aunque solo sea un poquito en medio de esta vorágine.
Un abracete y mucha paz y amor para todos.

lunes, 9 de enero de 2012

Cruzando la linea.


Fue pestañeando. Ahí fue. En un instante efímero hablando de la relatividad del tiempo. De eternidades en un instante. De millones de imágenes y sonidos apelmazados, trabajados por el neocortex, condensándose en un segundo que parece una vida. En una vida que parece un segundo.
Volví allí, al mundo del ócaso. Miré a mi alrededor y ya no estaba recostado en el sofá mirando mi reflejo en la pantalla del televisor. Ahora al frente solo había una larga estepa bañada por el sol del atardecer.
Me entretuve mirando como los destellos de luz se entremezclaban y jugaban con el trigo de aquel campo inmenso e inabarcable hasta que una mano amiga se posó repentinamente en mi hombro derecho sacándome del ensimismamiento. Era él, de nuevo conmigo.
Miré a mi lado y también allí estaban todos observándome sonrientes. Mi familia. Mis amigos. Los que están ahora y los que estuvieron antes. Todos ellos sonrientes, bañados por una calma que no era de mi mundo, ni de ese, ni de ningún otro mundo imaginable.
Aquello no era el presente. Era mi pasado. El día que crucé la linea y comencé a andar.
Dicen que el hombre pierde su infancia cuando comienza a preocuparse por su futuro, y es cierto; fue esa linea.
Pero esta vez era diferente. Le eché un rápido vistazo a mis manos y eran las de ahora, no las de aquel chico regordete que se sentaba en primera fila en el instituto, que leía Tolkien en las clases de Gallego y se dormía en la de Inglés.
No. Ahora era yo. Con 21 años y toda una nueva vida por delante que comenzará en el instante que cruce de nuevo esa linea.
Y ya no tengo razones para no hacerlo. Vamos.

martes, 3 de enero de 2012

Your hand in mine.


Cuando las palabras dejaron de importar dejé que la música sonara. Acompañaba marcando compases al viejo carillón del salón mientras las cenizas de aquel porro mal liado caían a tronpicones en la madera de la mesa.
Cuando una de ellas cayó encima de mi brazo, inmóvil encima de las teclas del ordenador, me sobresalté como si acabase de despertar de un sueño y acabé percatándome de lo inmensamente relajado que estaba. Tan relajado estaba que las lágrimas afloraban solas sin haber sido llamadas. No me dolía nada. No sentía nada. Pero estaba allí, con la mirada perdida en aquel cuadro que antaño vivía y ahora moría poco a poco para volver a renacer en otro tiempo. En otra alma. En otros ojos.