viernes, 30 de septiembre de 2011

Y todo se llenó de color.


A medida que mis pasos recorrían esa montaña gigantesca a orillas del mar, una vez sorteamos la torre y la fortaleza; sentía como me elevaba poco a poco.
Cuando me quise dar cuenta ya era demasiado tarde. El mundo que conocía había quedado atrás para siempre.
Y esto no supuso un grave problema, no fue otra gran crisis de ansiedad ni esos nervios que oprimen el corazón. No fue ese miedo a perder lo que a uno realmente le importa. Realmente aquello ya había dejado de importar.
Simplemente comprendí y aquella imagen distorsionada de lo que yo creía como real se desvaneció en alguna parte inaccesible de mi memoria.
No lloré la perdida de aquel sueño, no había motivos para llorar cuando lo que se estaba desvaneciendo eran todos mis prejuicios y la maldad que podía albergar en recovecos de mi alma.
Todo era un gran cuadro pintado al oleo cambiando, respirando, viviendo; dando color al nuevo mundo que se desplegaba ante nosotros con la belleza suprema, con la curiosidad y la falta de hábito del crío que esta naciendo de nuevo observaba maravillado (ahora sí) con lágrimas a punto de aflorar. Ese era el mundo escondido. El que no lograba observar a traves del velo.
Nuevo, bello, REAL. La naturaleza en su estado más puro y más primitivo. Más perfecto.
Todo respiraba y estaba en sintonía conmigo y con él.
Es como si de repente todas esas piezas desencajadas, o que yo tenía la sensación de que estaban desencajadas coincidiesen de repente, y quedasen así para siempre al comprender el milagro de la vida.
Le observé durante un instante, detenidamente.
La paz que sus ojos brillantes transmitían eran el espejo de las brillantes luces reflejadas en el mar donde se creaban nuevas realidades.
Solo este milagro podía haber ocurrido con él.
Y allí, en medio del mundo. Feliz. Volví a nacer, y finalmente comprendí el significado de la palabra amor.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Calor congelado.


Se mezclaba el sonido del mar con la brisa.
La luz cada vez era más intensa y la oscuridad un mero recuerdo, difuso, perdido en el pasado.
Un pasado donde él luchó y vivió dejando cada segundo de su vida en algo que merecía le pena. Donde cada gota de sudor marcó una nueva existencia imposible de imaginar, algo inmenso que trascendía todo sentimiento humano y mundano. Aquello estaba más allá.
Como en todos los grandes esfuerzos llega un momento en el que todo se termina, en el que tanta lucha deriva en un algo, quizás en una perdida o en una gran victoria. Pero siempre finaliza y llega una especie de calma, esa que nos venden como la mayor tranquilidad posible; pero eso no existe. La curación no llega para los soñadores. Para los que existieron de verdad.
A veces no hay lugar para la esperanza y los rincones están copados de dolor, de miedo, de desesperación y de nervios. Navegas, es cierto, pero no sabes a donde.
¿Dejarse llevar? Autoconvencimiento, sabes bien donde encallarás.
Sabes que las aguas estarán negras y la marea te arrastará.

Enialis amarraba las riendas del barco mientras le sangraban las manos ante la fuerza que debía utilizar para que aquello no se desviase demasiado, sabía bien donde se estrellaría. Se lo había dicho el cielo, ahora nublado y agitado por el viento.
Ya lo sentía en sus propias carnes. Todo estaba oscuro y el invierno se acercaba.
Él temía la luz que antaño le había cegado tanto.
Su espada dejó de brillar más su corazón seguía latiendo ante la escarcha que comenzaba a aparecer en el suelo del navío. Es ahí, en ese instante, cuando sonrió.
Algo pareció reconfortarle ante los gélidos vientos que susurraban entre sus ropajes, ahora erizándole el bello y recordándole que si no quería morir debía cobijarse, protegerse, encender una pequeña luz nueva que iluminara el camino. Que espantase los demonios y diese cobijo a las otras pequeñas luces que merodeaban a su alrededor aconsejandole.
No había que temer.
El invierno se acerca y aquella embarcación no encallaría.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Las cosas que no pude responder.


¿No sientes como bombea? ahí lo tienes, ahí, ¡ahí!.
¿Lo ves? Yo lo siento.
Dices que no te sientes vivo y míralo, sigue latiendo.
¿No te has acostumbrado aún a esa manera diferente de latir?
Él siempre va a funcionar, quizás no de la misma manera, pero solo párate a escuchar.
Es música, marca el compás de tu vida. Él fluye, no te resistas y déjate ir.
Improvisa. Haz algo. Pero nunca te quedes quieto.

martes, 6 de septiembre de 2011

La unión hace la fuerza.


Lo hemos vuelto a hacer. Hemos vuelto a mirar a los ojos al miedo, a la angustia de encerrarse en una urna de cristal y quedarse atrapado en un lugar donde el tiempo no transcurre para uno mismo. Los músculos se tensan y la vida se difumina como un espejo empañado. La confianza se muere y las palabras se pierden con el viento. Tu reflejo ya no te devuelve la mirada.
Hoy con firmeza hemos vuelto a alejar ese miedo. Se ha ido por donde ha venido y tardará mucho tiempo el volver. Nos teme. Nuestra fuerza reside en nuestro espíritu. Nuestra fuerza reside en el calor de nuestros ojos y en el poder de nuestras palabras.
Si uno de nosotros falla, titubea o simplemente la vida le vence es cuestión de tiempo que los tres restantes escuchemos la llamada silenciosa de la amistad. El eco lejano del aura que se apaga y necesita nueva y renovada vida.
Y es que con todas las experiencias que tenemos juntos a nuestras espaldas tenemos vida para alumbrar la noche más oscura. Para encender la estrella que se apaga y hacer que brille más que nunca.
Hoy en algún lugar lejano, quizás más allá del muro del sueño, cuatro astros no tiritan de frío.