domingo, 31 de julio de 2011

[In un giorno di pioggia]

El aire soplaba suave y me empapó de una fragancia a mar que me recordaba de donde era, donde estaba, como tantas otras veces desde el día que llegué a casa.
Si hecho la vista atrás y repaso todos esos recuerdos que aun tiritan en rincones de mi pensamiento, que lloran cuando escuchan de nuevo una voz en italiano; todo estalla en colores y formas cálidas como cuando la letra de una canción silba palabras que otrora pensaba en aquel idioma dulce y melódico que ya quedó atrás.
En casa es el mejor lugar donde puedo estar. Pero como echo de menos despertarme perezoso por el sol que entraba por esas verdes persianas de madera que ahora tanto me faltan y empaparme del olor a café que emanaba de la cocina.
Cuando me quise dar cuenta de que me había ido lejos el agua del mar ya ondulaba de una manera calmada, volví a estar aquí; eso encaja perfectamente con ese concepto que tengo de los buenos domingos. Esos en los que en vez de quedarse en casa replanteándose chorradas sin sentido ni respuesta instantánea sales a dar un paseo, a empaparte en agua de lluvia o en rayos de sol y agradeces la vida que tienes. Sin más. Simplemente respiras y observas. Estás vivo y lo sabes. Y me encantan los días así.

domingo, 24 de julio de 2011

[Senda del tiempo]


En la tranquilidad que otorga la calma antes de la tempestad; allí, en medio de todo y la nada a la vez, Enialis comenzó a ataviarse la armadura.
Poco a poco iba poniéndose todas las piezas con milimetrada rutina como si de un puzzle conocido se tratase. Un juego que jamás acabaría por cansarle.
Mezclada su sombra por las luces tenues de las velas de la tienda aquella figura cada vez semejaba algo más grande y heroico. Una leyenda que a cuenta gotas se iba formando.
Decidido, sin temor en su mirada. Sin miedo.
Fëasul esperaba fuera con el lomo agazapado, invitándole con dulzura a subir y cabalgar a la gloria y la esperanza de liberar su vida con su fiel amigo Celtar, inmiscuido a su vez en el mismo proceso.
Ambos montaron en sus respectivas monturas mientras a sus espaldas miles de hombres libres miraban con lágrimas en los ojos el nacimiento del sol y el reflejo del mismo en las armaduras de sus fieles generales ahora dispuestos a acompañarles a las mismas puertas del cielo.
Bastó una palabra que se levantó entre las innumerables voces y resonó entre la llanura verde y las montañas de aquel lugar para que todas los cuerpos allí presentes se llenaran de energía y espolearan a sus caballos: libertad.
La humareda de polvo que allí se levantó se observó desde kilometros, el estruendo de los jinetes se escucharía hasta por los mismísimos dioses ahora moviendo la balanza en favor de aquellos hombres.
Mientras ellos empuñaban sus espadas hacia al frente como siempre habían hecho no había nada que temer. Sí mucho que ganar. Mucho que aprender.
Y con una sonrisa ambos comprendieron todo el buen camino que había quedado atrás y que bello camino recorrían ahora, unidos a la felicidad.

domingo, 10 de julio de 2011

[Ortigueira 2011]


Progresivamente, poco a poco el resto de la humanidad y, con ella todos los problemas que nosotros mismos conscientes o inconscientemente en el camino del autoconocimiento, de la necesidad de encontrarnos; desaparecieron.
Solo estaban allí esas cuatro personas capaces de llevarme a un plano de tranquilidad, con su corazon abierto y dispuestos a soñar entre mágicas, paganas y muy nuestras melodías.
Mientras el mundo tornaba más y más bello y descargas de una emocion mezclada con la euforia de estar con quien quiero estar en este mundo aparte llamado Ortigueira, comenzaban a brotar en rincones de mi corazón como torrentes de energía que llenaban todo de luz y belleza. Una belleza que me acompañaría intensamente toda la noche y quedaría gravada en mi memoria para el resto de mi vida.
Amé sin parar a todo aquello que me rodeaba, comprendí la belleza del universo y toda su simpleza dentro de su complejidad, la fortuna de estar vivo, el ser consciente de mis amigos, de que, sin ellos, esto no hubiera sido igual y yo no sería quien soy; ahora más sabio y más adulto.
Entre rincones de piedra de la legendaria Galicia, envueltos en todo su misterio y folclore flotamos en perfecta comunion de pensamiento en un planeta tierra que hoy, tras analizar todo lo que me rodeaba y tan bella, joven y alocada experiencia, no puedo sino sonreir y reafirmar lo feliz que soy gracias a vosotros.
Nunca me había sentido tan en paz como en este mismo instante, mientras escribo estas palabras y puedo mirar al pasado reciente; a estos últimos cinco días donde creo que he aprendido muchísimas más cosas de las que puede otorgar muchos años de vida y todo gracias a una empatía más que perfecta con vosotros.
Echaré de menos la Iron Hill y con ella toda su magia. Pero el año que viene volveremos a conquistarla aun con más antelación.
Os quiero un mundo.
Que orgulloso me siento de ser gallego y de tener gente como vosotros a mi lado.
¡VIVA ORTIGUEIRA!

viernes, 1 de julio de 2011

[Un punto azul pálido]


Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.
La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.
Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.