martes, 30 de noviembre de 2010

[Winter is coming]

La luz de la luna se colaba traicionera por aquella antigua persiana de madera que le robaba todas las noches, dejándole continuamente en un estado de duermevela que le impedía conciliar el sueño.
Se veía reflejado en aquella antigua foto que sus manos sostenía, crecido, con otra mirada totalmente diferente a la que en la imagen hacía gala, más fuerte, más adulto.
Con delicadeza dejó aquella foto encima de su escritorio y fue a echarse un poco de agua en la cara, un mero intento para sentirse más vivo. Un mero intento para encontrarse en medio de toda aquella vorágine interior que ahora acechaba desde los infiernos intentando arrastrarle, anclarlo a los últimos segundos del mes de Noviembre y no dejarle salir nunca más.
Su cara, más fría que hace escasos segundos simplemente le recordó lo que impresionaba despertarse en medio de la realidad a la que tan poco estaba acostumbrado desde que llegó a este lugar. Más fue esa realidad la que le enseñó lo mucho que había cambiado.
Miraba a su alrededor y solo obtuvo el desconcierto de estar en casa y no estar a la vez. Lejos del mar que tanto le calma y de esas luces anaranjadas que escupen las farolas reflejadas en el agua. Lejos de la calidez que desprenden sus bares donde aguardaba esperando a que amainase la tempestad. Pero Diciembre había llegado. Ya era media noche y se sentía bien.
A duras penas consiguió anteponerse a sus demonios; camuflado entre los nuevos amigos, el alcohol y los nuevos bares. Los planes locos e improvisados.
Había ganado la batalla contra el tiempo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

jueves, 18 de noviembre de 2010

[Más allá de la realidad]

La sensación de que una estrella podía iluminar todo el firmamento.
Fue lo primero que asaltó mi mente antes de que una especia de prisma caleidoscopio me llamase y me incitase a entrar en la eternidad del universo rompiendo por completo toda teoría empirista.
Lo relativo a la experiencia y los sentidos, ahora disparados en lo que yo veía como corrientes de energía corriendo a través de los muros del sueño, ya no importaba.
Mientras era capaz de asimiliar como todo el bello de mi cuerpo se erizaba en un momento que asemejaba eterno, los latidos de mi corazón me mostraban una espiral de colores cambiantes que se arrastraban rumbo a las estrellas cada vez más cercanas.
La claridad absoluta y el reconocimiento personal fueron los dos pensamientos más claros y profundos que pude sentir mientras mis lágrimas se unían a un torrente infinito de estelas fugaces prendiendo el cielo de brillantes colores carmesí.
Por primera vez en mi vida sentí la paz mientras me alejaba de la costa que yo creía como realidad, mecido por olas etéreas me dejé llevar a las corrientes de diamantes que vislumbraba en un horizonte esperanzador donde comprendí que se encontraba la felicidad.

martes, 16 de noviembre de 2010

[Mi senda]

Caminé durante una larga senda sin más compañía que mi propia sombra reflejada por un tímido sol que, escondido entre dos montañas, daba calor a mi espalda.
A mitad de mi viaje, entre cipreses y sauces llorones me encontré con una parte inconsciente de mis recuerdos que jamás querría volver a ver, más allí estaba, observándome entre la tranquilidad de aquel inmenso camino que suponía que era mi vida.
Mi propia senda de baldosas amarillas que parecía no querer dejarme terminar, vislumbrar con calmado caminar el paisaje que tantas alegrías y sueños nuevos me otorgaba.
Miré a aquella parte de mi con tranquilidad y melancolía, sin rencor, más le juré de nuevo a aquel reflejo que no quería saber nada más de él, que no volviese a aparecer más.
Debía continuar mi camino sin algunos recuerdos. Seguir manteniendo esta torre firme pero aun débil que he construído con las nuevas vivencias y los recuerdos buenos del pasado.
Aquella difusa imagen, no sé si comprendiendo, desaparecio sin dejar rastro mientras una suave brisa comenzaba a soplar en aquel bello paisaje.
Debía seguir caminando.

lunes, 15 de noviembre de 2010

[Un lugar en el mundo]


Fue viendo al atardecer desde el Foro Romano, observando como un cielo tímido se oscurecía en el Lacio cuando me di cuenta de que el camino que había escogido era con corazón.
Durante mucho tiempo me sentí fuerte, en una armonía interior que jamás había experimentado y ahora, por fin, había comprendido todas esas cosas que antaño me eran tan extrañas, que veía tan lejanas.
No me refiero solo en lo que concierne a la felicidad, sino a las relaciones humanas, a una base que permanece inmutable y tiene que llevar a algún punto en concreto del que nada sé pero si puedo vislumbrar un futuro con claridad y sentimiento.
En aquel instante sentí lo que era verdaderamente una paz espiritual, la claridad absoluta acerca de las cosas que me rodeaban me hicieron recordar que los buenos momentos del presente serán los recuerdos tristes del mañana.
Si he de contar los momentos que me han dejado sin aliento desde que llegué por estos lares… sin duda el presente no puede ser más esperanzador.
Y en lo que concierne al futuro… prefiero no pensar, dejaré que las cosas me envuelvan, así está bien :)

lunes, 8 de noviembre de 2010

[Tramontate stelle. All'alba vincero]


Donde nos llevo la imaginación, donde, con los ojos cerrados…

La música comienza a hacerse camino dentro de mí, explora cada rincón sin explorar, llega a zonas profundas de mí ser, a lugares luminosos que jamás logre vislumbrar. Más ahora, mientras inconscientemente sonrío me doy cuenta de unas partes de mi no conocía.
Me siento en paz, en una relajación tan increíble que no sabría describir con todo el vocabulario posible, el saber esto, me hace estremecerme y estar tranquilo. Disfrutando de este eterno momento que corre veloz y soy capaz de asimilar recordando cada detalle como si estuviera viéndolo con mis propios ojos.
La cabeza sigue el ritmo de la música que semeja olas acariciándome de izquierda a derecha mojándome con sus calientes aguas, recordándome a mi ciudad y a toda su gente...
Poco a poco me voy acomodando en la silla mientras cierro mis ojos para viajar un poco más rápido. Seguir llegando a esa ansiada respuesta que llevo buscando desde hace tantos, tantos años.
La sensación de melancolía se acentúa más y más dejándome en un estado de abatimiento placentero que poco a poco disminuye.
A veces me odio por no sentir odio. Pero pensándolo bien esto es lo mejor que me podría haber pasado jamás, la sensación de haber aprendido una lección de la vida, tan, tan importante y que llevo tanto tiempo buscando.
Hace poco me dijo un amigo que lo que uno siente no puede ser reprimido ni el corazón dominado. Pero si puede ejercitarse la prudencia y la razón para evitar el daño, y creo que tiene razón. Mucha razón.
Aquí he tenido muchos momentos en los que el mundo detuvo durante milésimas de segundo su reloj y me susurró al oído: vive.
Son por esos momentos por los que ahora escribo, por los que dejo mi huella en este sueño con fecha de caducidad que jamás podré olvidar, ni aunque quisiera. Porque hay cosas en la vida que jamás se olvidan.
Y esta desde luego, es una de ellas.

lunes, 1 de noviembre de 2010

[La eternidad de este instante]

Me paro sobre un punto infinitamente divisible que no es nada mas que mi propia certeza, mi propia consistencia como ser pensante.
Aquí, allí; ubicado sobre este escenario de la mente, veo como toda percepción esta compuesta, no hay núcleo, no hay lumen ni átomo y la única forma de hacer medida es petrificarme sobre una emoción, sobre otra idea que en este momento me es extraña.
Este instante florece y se expande. Me arrastra, tiene un efecto sobre mí: me descompone y multiplica tanto como lo veo fragmentarse.
Las velocidades se deshacen: ¿se aceleran? ¿enlentecen? ¿Cómo medir cuando ya no hay regla? ¿Cuando la norma es lo que se escapa y todo atributo se deshace en un devenir inasignable?
La eternidad de este instante es un hueco en toda consistencia. Una trans-dimensión de toda asignatura, de toda atribución de continuidad. La eternidad de este instante abre un acontecimiento que tiende un puente al infinito. Sensación de perspectiva que no se detiene, que atraviesa bloques de velocidades que coexisten. La eternidad de este instante traza un tiempo de pura sensación, un tiempo absolutamente relativo que absorbe todo movimiento.

La eternidad de este instante es infinita. Un suceso sin comienzo que hunde (y pierde) su principio en un indefinible. No hay historia en la eternidad de este instante, no más que como vanos intentos de detener el movimiento. De petrificar la percepción. De hacerla representación y reintegrarlo todo a mi persona.
Y aquí, allí ya no estoy más que como un diminuto componente de la inmensidad: otro universo de sensación que espera en la eternidad de su propio instante.

Mira del otro lado