martes, 24 de noviembre de 2009

2012


... o como hacer el guión de una película cagando sobre un folio en blanco.

El otro día tuve la desgracia de ir a ver al cine la nueva película del conocidísimo director de catástrofes Roland Emmerich.
El film que iba a degustar no era nada más y nada menos que la reciente 2012, esa película que impactó tantísimo con su trailer hace apenas un año y medio.
Sabía más o menos a lo que iba: pelicula palomitera de turno, con posiblemente los mejores efectos especiales de la historia cinematográfica.
Bien, acerté.
De pleno además.
Es una película que solo vale para eso, y ya, a estas alturas, creo que tengo una cierta dignidad para decir: no merece la pena ni pagar una jodida entrada.
¡Bajarosla! ¡No se os ocurra comprarla!
Salí del cine flipado, os lo confieso, los efectos especiales dejan a uno atónito.
Ver como el mundo se va al carajo siempre es un placer, y más, si todo es tan jodidamente bello y destructivo.
Pero esa es la primera impresión de un chaval de 19 años con cierto nivel de frikismo.
Cuando estaba en frío recorde todos esas escenas, diálogos, momentos cogidos por los pelos, ¡que se me revolvió el jodido estomago y casi encima se me jode el precio de las palomitas!
Ese topico del:
-Como te pareces a tu madre (palabras del supuesto presidente Obama... menos mal que pudre)
No provocaron en mi si no un odio creciente al cabron de Emmerich por estafarme.
Y en alto pensé: que se vaya todo al carajo ya...
Y ciertamente, ver los efectos mola.
Pero no merece la pena pagar por ello.
¡Sin más!

lunes, 23 de noviembre de 2009

[Teoría de los vínculos]

Partamos de una base: los seres humanos.
Desde el principio de los tiempos, desde que el hombre puebla el planeta tierra hay que destacar un elemento indispensable que legitima la existencia, ese elemento sería el libre albedrío.
Que se tenga o no este elemento indispensable es fruto del tema que ahora mismo voy a intentar tratar: los vínculos entre las personas del mundo.
Cuando los primeros hombres comenzaron a desarrollar un cerebro más preparado anatómicamente hablando empezaron a desenvolver sus capacidades esenciales, como puede ser la vista, el tacto, el olfato...
Experimentamos.
Así empezó todo, experimentando.
Cuando un ser vivo nace, sin distinción entre humanos y animales, por eso empleo el término ‘’ser vivo’’, incluyendo hasta las plantas, en mayor o menos medida, carecemos del ´habito’.
De la rutina.
Y experimentamos dando los primeros pasos en la existencia.
Tocamos, vemos, sentimos, y todo es nuevo para nosotros.
Y he aquí donde se comienza a desarrollar la capacidad más preciosa, a la par que originaria de los problemas más importantes de la humanidad: los vínculos.
Por naturaleza, el hombre necesita hacerse notar, creerse que no está solo en la realidad, necesita compartir sus descubrimientos, relacionarse, sentirse escuchado.
Nos adentramos en el tema de los vínculos pues.
Los movimientos migratorios de las personas a lo largo de la historia fueron desarrollando y potenciando ese libre albedrio del que al principio hablaba, originariamente, todos éramos libres, y así, comenzamos a formar nuestra identidad, en diferentes partes del globo.
Comenzaron a aparecer las primeras formas de comunicación, originariamente por gruñidos sin (en un primer momento) sentido alguno, y lenguaje mímico/expresivo.
Dentro de ese libre albedrío, existe la identidad personal –cada ser humano es único-.
Partamos de aquí entonces.
Al irse desarrollando estas formas de comunicación, como era de esperar, empezaron los problemas, al mismo tiempo que las alegrías.
Y nuestra identidad personal, se potenció a cotas altísimas, aun en estos primeros momentos.
Estaban empezando a nacer las relaciones.
Al potenciarse nuestra identidad, y con ello, nuestros sentidos, nos dimos cuenta del papel tan enorme que teníamos en el mundo, y nos diferenciamos del resto de los seres vivos, ya que nosotros poseemos algo que las demás criaturas, animales o vegetales, no tienen: razón y capacidad de decisión.
Desarrollamos por tanto nuestra capacidad de hacernos notar.
Toda esta evolución conllevó a aumentar nuestros sentimientos, ya que nuestros sentidos, nuestro cerebro, y nuestra razón, también aumentaron.
Nos dimos cuenta, que a medida que nos relacionábamos con los demás, aparecía una necesidad de vinculo/atracción, dependiendo psicológicamente de los demás, de esas personas, en las que, sin saber aun porqué, habíamos decidido confiar.
Con el paso de los años (cientos, ¡miles!), nuestra razón se desarrollo aun más y más, y comenzamos a potenciar esa lógica que aun estaba adormilada, pero que ya daba sus primeros pasitos (descubrimos el fuego hace 150.000 años, comenzamos a aprender a relacionarnos, a convivir en grupo, a hacer daño...).
En resumidas cuentas, nuestra identidad aumento considerablemente, apareciendo un concepto que nos resultará muy familiar, presente a lo largo de toda la Historia, desde estos primeros tiempos, a la actualidad: el egoísmo.
Ya que nuestro raciocinio aumentó, también aumentó nuestra capacidad de pensamiento y de toma de decisiones, apareciendo tímidamente un grupo de hombres que querían ir más allá, que no querían estancarse en la vida, y existir por existir.
Hablo de los primeros filósofos, y como no podía ser de otra manera, estos se preocuparon por lo principal: el origen de la humanidad, se les llaman los ‘Filósofos de la Naturaleza’, con Tales de Mileto a la cabeza.
Estas personas han potenciado tantísimo los estudios de la vida y las relaciones hasta cotas inimaginables, y es increíble pensar que hablamos del S.VII antes de Cristo, más o menos.
Dejando a un lado los filósofos, volvemos al tema de la razón.
En nuestra necesidad de relacionarnos, descubrimos que podíamos reproducirnos y generar progenie, elemento indispensable para la pervivencia de la raza humana.
Así que, nos reproducimos desde los albores de la existencia.
Descubrimos que esos vástagos que generamos nos importaban, no lo comprendimos en un primer momento, pero sentimos algo que la sociedad actual, al igual que la sociedad de hace 5.000 años llamaba ‘amor’.
Y al fin hemos llegado al lugar donde quería catapultar este texto.
Al ‘amor’.
La Real Academia de la Lengua Española define ‘amor’ en su primera entrada como:

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.

Sin duda, la definición que nos atañe ahora, y la más acertada a mi parecer.
Gran parte de la población de la actual sociedad piensa en la palabra amor, y lo primero que se le aparece en mente es el prototipo ideal de pareja.
¿Alguna vez nos hemos parado a pensar en esta palabra?
Analicemos la definición:

Sentimiento intenso del ser humano: como dije, todos necesitamos sentir, de una manera u otra, aunque haya personas que se nieguen a hacerlo por múltiples motivos que no trataremos aquí.
Propia insuficiencia del hombre: hablé también de esto al principio del texto, de la necesidad de buscar relaciones, ya que sin ayuda de nadie, nos perderíamos en la vida, nadie, por mucho que lo crea, es capaz de caminar solo.
Buscar el encuentro y unión con otro ser: he aquí el final de la definición, donde guarda toda su esencia. La necesidad de unirse a alguien, de vincularse, de sentir ‘Amor’.

Vinculo y unión es sinónimo de amor, siempre que se respete el libre albedrío claro está, si no hablaríamos de esclavitud, vasallaje, servidumbre, y todos sus sinónimos (sea por conveniencia, por fuerza o por cualquier otro factor)
Y llegamos al punto álgido de esta desertización filosófica (si se le puede llamar así ha esto), al punto donde quiero que reflexionéis vosotros/as.
Siempre me ha gustado ir un poco más allá y desde temprana edad he analizado todo lo que me rodea, y realmente, no es bueno, aunque tampoco es malo.
Al igual que múltiples decepciones y un incremento del daño interior en las situaciones dolorosas, he ganado una sensibilidad que no creo que todo el mundo tenga, ya que cualquier cosa que se salga un poco de lo común, o haga latir mi corazón un poco más deprisa que el resto, provoca en mi un torrente de sensaciones inmenso que difícilmente puedo dominar, lo que si controlo es que hay algo inmutable, mi felicidad en ese momento, y mis lagrimas sinceras que nunca mienten y me son imposibles controlar.
Entre los temas que más me inquietan de todo lo que compone la existencia es sin duda el significado de todo esto: el porqué.
Simple y llanamente: el sentido de la vida.
Tema complicado de tratar ¿verdad?
Pues todo este texto que habéis leído si el sueño no os ha vencido ha sido el preludio del concepto donde creo que se encuentra el sentido de todas las cosas:

El amor

El amor como concepto general: amor a la vida, amor a tu pareja, amor a vivir.
El ser humano tiende a catalogar todo lo que ve con sus sentidos, nos ha gustado desde el principio de los tiempos tenerlo todo ordenado.
Con el paso del tiempo el hombre se ha relacionado, mal, pero lo ha hecho, y lo seguimos haciendo.
Es imposible que haya una línea en la vida de las personas que nos aseguré una felicidad constante, recalco de nuevo el ‘imposible’.
El ser humano desarrolla sus capacidades acorde vive, pero nunca las desarrollaremos por completo, ya que, ley de vida, toda existencia se termina.
Y hay cientos, incluso me aseguraría a decir miles de factores que condicionan nuestra felicidad, y nuestra capacidad de distracción para no asegurarnos nuestra felicidad plena.
Ojalá pudiéramos actuar siempre con una filosofía presente, pero somos animales al fin y al cabo, dotados de razón, si, pero animales.
Las personas somos muy diferentes, algunos, la gran mayoría, solemos achacar a la vida nuestros problemas, cuando realmente el problema siempre está en uno mismo.
Siempre me hizo gracia esa inscripción que estaba presente en la entrada del Templo de Delfos, ese ‘’Conócete a ti mismo’’
¿Si no somos capaces de conocemos a nosotros mismos, como seremos capaces de conocer a los demás?
Eterna pregunta.
De nada sirve ponerse barreras, de encerrarse, de no dejarse conocer:

Sólo admitiendo esta dependencia innata en su ser, el hombre puede desarrollar plenamente su libertad y su vida y, al mismo tiempo, respetar en profundidad la vida y libertad de las demás personas.

Desde hace unos cuantos meses mi vida ha ido cambiando rápidamente, y me he visto inmerso en un sueño del que no quiero despertar, ya que todo brilla dentro de mí.
Me propuse hacer un texto siendo objetivo, sin pensar en mi mismo, pero siendo consciente del sentido que gana la vida cuando una persona se liga/depende de otra.
Es la misión del hombre (digo misión, ya que no es fácil) asegurar ese amor, ya sea a tu pareja, a tu familia...
Asegurar ese lugar donde tú te sientas bien, donde tú sientas que sientes.
Es el único significado posible que la veo a la existencia, para mí no hay nada más.
El sufrimiento es una característica propia del mundo, todos deberíamos estar preparados para sufrir.
Pero no todo el mundo está preparado para sentir y vivir.
El amor se ha ido desarrollando desde el principio de los tiempos, y no todo el mundo sabe amar.
Creo que deberíais pensar en esto.
En los diferentes tipos de amor.
En esos momentos en los que tú sonríes acordándote de ellos.
Tómalos como bandera, y dales significado, el que tanta gente busca.
Y serás feliz siendo consciente de la realidad.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Desesperación y rabia

Después de tantísimo tiempo sin pasearme por estos lares, vuelvo, o al menos intentaré, volver a la carga, colgando textos que vaya escribiendo a lo largo de los días, textos que vaya encontrando en el viejo baul de los recuerdos, o simplemente noticias que me llamen la atencion.
Lo siguiente que os dejo, es un capítulo que hice para las Crónicas de Enialis, un texto más adulto y cargado de una mayor violencia que no me disgustó como quedó, aunque está incompleto.

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El silencio era sepulcral y la tensión se palpaba en el aire.
Las palabras que recogía el viento, imperceptibles para el oído humano, eran muchas.
Aquel hijo de puta tenía su vida pendiente de un hilo, pese a que él era el torturador y yo el torturado.
Llevábamos muchas horas encerrados en aquella celda, oscura y fría como una noche de invierno.
Por el pequeño ventanuco que tenía aquel asqueroso lugar conseguía ver un poco del exterior, aquel mundo que ahora se me antojaba inalcanzable era golpeado por la tempestad que fuera azotaba con fuerza las copas de los arboles.
Notaba el sudor y la sangre resbalando por mi cuerpo, un intenso dolor recorría todos los poros de mi piel, pero sin duda, las heridas que mas me dolían eran las de la espalda, cuando el cabronazo me flageló 25 veces, sin pausa, también sin prisa. Para que el sufrimiento fuera mayor.
Por un instante, se me nubló la vista, y pensé que era el final, pero gracias al cielo, fue una falsa alarma, una ‘’pequeña’’ broma que me gastaron los dioses.
Sin duda esos cabrones se estarán riendo en este mismo momento desde su trono allá dondequiera que estén.
Cuando recobré la compostura, armado de valor, le miré.
El tipo era un hombre alto y robusto, con unas raídas melenas y un rostro lleno de cicatrices, vestía un gran manto negro por debajo de un delantal grisáceo, empapado de sangre, mi sangre.
Cuando nuestros ojos se encontraron, me lanzó un fuerte puñetazo, rompiéndome 2 muelas.
Intenté mantener la calma, y mientras mi mente pensaba cada vez más deprisa las múltiples maneras de matar a ese hombre, escupí una mezcla de sangre y saliva al suelo.
Volví a mirarlo, estoy seguro que con la mirada más cargada de odio con la que un hombre ha mirado a otro hombre. Y esta vez, perturbado, mi amigo el torturador dio un paso atrás.
En medio de aquella batalla de miradas penetrantes, donde la tensión podría cortarse con la más afilada de las dagas, un rallo de luz perdido entre huecos de nubes entró juguetón por la pequeña ventana, dando calor a mi cuerpo, recordándome por un pequeño instante la tranquilidad de estar en casa, la tranquilidad de saber que la única preocupación es dar lo mejor de ti a tú mujer y a tus hijos.
Y entre la desesperación del momento, una sonrisa escapó de mi cara, acompañada de unas cuantas lágrimas melancólicas que lo único que buscaban era el consuelo de un amigo, de un amor... pero lo único que hallaron fue el frío suelo de la celda.
-¿Tus últimas palabras?- dijo el carcelero sonriente.
Silencio.

(y hasta aquí -.-)